martes, 30 de julio de 2013

El hechizo de su espíritu




Hace años ha cruzado mi camino
y en esos paralelos 
que circunscriben los encuentros
se ahoyaron las bases de un vértice maduro
el que desconoce el pregón 
o la divulgación comercial
para definir un ideal
con sueños que andaban huérfanos
y que ahora, frente a los ojos
y de un cielo que lee las bitácoras
avala una ruta conjunta
que inicia al rayar el sol
y bajo un solo suspiro
endosa energía en cada paso
por las aguas dulces de montaña.


No se esconde de nada
silencio fúlgido entre los huesos
atravesado entre las fibras 
que va riendo con simplicidad
hasta el mismo corazón 
y floreciendo en el alma …


y aquella mariposa incolora 
que sobrevuela las cumbres
despliega sus alas alegres 
al vaivén de los remolinos,
esa fe inalienable en la magia del amor
germina ya sus semillas
entre sonrisas y caminatas…


y en sus espejos de media noche
se abren las celosías
a un otoño florido 
con aromas de alabanza.


El camino por el altoplano 
tiene tamo sobre sus lozas
suavizan el ascenso 
entre las espinas y los abrojos
cobijando huellas de a dos
hombro a hombro, anudados por las palmas
beneplácito para los que esperan
y milagro del amor
bajo una luz portentosa
(sin falacias que se dicten sagradas)
con humildad en los vocablos
y sin juramentos con miradas al cielo
sombreando de interrogación el verbo.



Voces conjugadas




Voces que se pronuncian abarcando otras voces
dictaminan la frecuencia 
y el dial en las que vibran
afincan sus latidos
_ingénitos acordes_
horadando en vertical 
y levantando cercados de fe
en paredes de invidente hierba.

Voces que se visten 
con la desnudez de mirada entristecida
se entibian al calzar un beso húmedo de auroras
desobligadas de exilios
peregrinas del sentir 
se acomodan en nichos rojos
adaptándolos a moradas
virtuales hornillas 
de sueños que dormitan en las penumbras .

Baladros allegados
bailarines contemporáneos 
en la ópera de tragedias interiores
desplazan arabescos signados con espinas
y en tripletes de nostalgias
abandonan el escenario en pos de nuevas giras.

Locuciones grabadas en las telas del espíritu
vibran al paso del viento que se inhala
suscitando henchir los globos contenidos
en suspiros entrañables
ausencia de lágrimas terapeutas
las que conllevan sonrisas abrazadoras
del amor en tiempo presente
y de dichas de perfectos futuros.





La oración de mi silencio




Vengo de sonreírle al silencio de mi alma
ella, sentada a la vera de mis ojos
asintió con sus pañuelos vivos
del color de primaveras
a este fardel femíneo
(oído sordo de su homilía),
se apresurara en el afán de ningún tiempo
a dejar en afonías las angustias y los miedos
y libre de las sandalias
que se interpusieran entre la armonía y la calma.

Ascendí los peldaños de sinfónico mutismo
que se desprendían en el atrio
de la abadía alzada en mis costillas,
vi sobre sus lindes 
vitrales muy alegres
bajo un entramado de aromas dulces,
escenario de adoquines firmes para los sueños
en un abstracto baile de luciérnagas.

Silencio
comunión con el universo
labios del espíritu clausurados 
en contrición aceptados,
oración de reconciliación 
con mi yo íntimo.




domingo, 14 de julio de 2013

Compro tu poema



Yo compro esas letras que surten el poema,
no con el oropel que tintinea entre los linos
sino con la palma abierta de mis manos
que reconocen, la indocilidad de tu cantar. 

Lleva en su seno, los ojos de la noche
rastreadores de holocaustos,
los insertados por proscritos pasos 
renegados de sus lunas 
y endosatarios de espíritus
a la arcana oscuridad.

La ley del más fuerte, 
la ley del dinero
y de los que utilizan sus reglas,
llenando faltriqueras y dejando en la ignominia
espíritus raizales, de doblegado lomo
escultores de las piedras, 
en pos de una fuente
catarsis a su duelo y su mustia soledad.

Yo compro ese poema con mi voz,
eco de mi alma cuando a ellas, las avisto,
y especulo en mi género 
y en el de mi sangre que madura,
hermanas por naturaleza
femíneas esporas
y rasga mi natura 
entender a los culpables:
“las que pecan por la paga, o el que paga por pecar”
(Sor Juana Inés).

¡Yo pago por ese poema!, 
que lleva sombras
de éxodos angustiados que no reconocen fe,
de la manos manchadas por la sangre entre florestas,
de infantiles risas bordeando un cielo eterno
que no demandaron su ahogo 
en un vientre congelado, 
sin el derecho a nacer.

¡Te compro ese poema, con los ojos y con el alma!,

los que sin mirar han leído tu profundo despertar,
amasa más tus letras con las manos del espíritu
y con la esencia de tus lágrimas 
darás el jarabe humano
a esa rebeldía que apabulla
el egoísmo y la inmoralidad.


sábado, 13 de julio de 2013

El canto de una ilusión















Su risa
es la caricia encajada sobre mi rostro
adoquinando el palmo de vacío
entre sus labios y mi boca,
notas que cincelan 
su alegría en tierra fértil
instalando en cada nicho
las mariposas de su sentir 
anulando el pasado
y resarciendo mi gracia.


Sus manos
boyas en abrigo 
-geodesía entre sus palmas-
restablecen puntos cardinales
en ese abrazo que organiza
las estaciones en primaveras
y colapsando un invierno amañado
al tañido de su campana
-corazón en mis espacios-
vertiendo luz y color
bajo los aleros de mis pestañas.


Sus besos
abecedarios encontrados
al filo de la desesperanza
subrayan ecuaciones en los ojos
desconociendo las dicciones 
del verso que a mí me supura
y que en él, solo es la sumatoria
de la mirada y de los labios
del abrazo y del susurro
en porcentajes que son lucrativos
para su espíritu y mi alma.


Ilógica es la elegía en su voz
si no apetece las rimas,
pero él no sabe... 


¡Que es un poema total!,


cuando me arrincona en su pecho
escondiendo su rostro en mi pelo
y musitando muy bajito


¡Bienvenida a mi casa!



Nuestros silencios





¡Tu silencio! 
¡Mi silencio! 
pausas musicales en el latido de las voces 
de cada ser, 
como horma al zapato 
se ajustan a su dueño. 

El silencio 
es parte de uno mismo, 
es como la gripe 
que se oculta en nuestras fibras 
y en extrema condición 
germina y se impone con fatiga, 
nos inhibe 
de la armonía 
y la emoción. 

Los hay 
genéricos y por edades, 
mutismo para todos los estados de ánimo 
para el que está enamorado 
y para el que vive en soledad. 

Unos son 
como cuartos de menguante 
medio ocultos 
entre velados, 
asomándose de vez en vez 
bajo las redes de las pestañas 
en tibios manantiales. 

Hay silencios 
que les gusta vivir 
dentro de nuestros silencios más grandes, 
como el de la esperanza 
que reside en los seres donde hay luz 
donde hay amor. 

El silencio de la Fe 
que se arrodilla a los pies de EL y se crece 
necesita de ese otro callado misterio para existir. 

El silencio del beso húmedo 
el de la entrega 
el del sentir profundo 
el que se acrisola en la pasión. 

El silencio de las manos 
cuando éstas acarician… 
entibian 
enaltecen y honran, 
también 
porque transmutan 
el trabajo en alimento digno. 

El silencio del cautivo 
del maltratado 
el de aquél 
que no tiene oportunidad 
de exponer las razones de su mutismo, 
el de la intolerancia 
y del irrespeto. 

El silencio… que me trae voces 
las que se izan en mi sangre 
agolpándose en las liras de mi garganta 
y cubren el callado universo, 
asisten a mis notas 
arpegios que se difuman en la acústica de tus oídos 
y los absorbes. 

¡El de los muertos!, 
que aún fenecidos se perciben en sus huellas 
heredadas por los hijos, 
en trazos 
en signos 
o en costumbres, 
silencios hechos vocablos 
en versos y poesía. 

¡Tu silencio, mi silencio… nos ha unido! 













Remate de mi ser




Hoy, 
es un día de remates
y mi catálogo de ofertas 
esta a la vista.

¿A quién le puede interesar
par de espejos convexos, aún húmedos
por la exudación pródiga de sus caracolas marinas?
Yacen protegidos con el enmallado natural
del color del carbón que les pulió su núcleo.

Si algún oído estuviera diligente
a escuchar el eco entristecido -de algunos versos-
dono la lira que se rasga en sus arpegios,
permitiendo escapar graves vagidos
descoloridos por la bruma 
y ya casi… 
yertos.

Oferto 
mi abrigo natural,
suave armiño del color de la canela
habituado a los fríos de montañas
y cuajado de fragancia de altiplanos,
reservada frescura de la nevera bogotana ,
guarnecido por algodones bien hilados
y adornados con encajes 
de noche confundida.

Mis manos, 
benditas manos que han amado
las que han escrito sentida poesía,
-ellas-
las entrego al sentir que se decida 
recibir todo en un fardel de sueños a largo plazo,
-ellas-
serán resguardos 
de sus bienes humanados,
esculpiendo en sus murales 
un amor muy inocente.

¿Hay precio justo que se avale 
por el tañer del campanario de mi pecho? 
Solo lo entrego en custodia de mi sentir,
bajo palabra de un varón 
y apostillado 
con la huella recalcitrante de un beso,
leal y cálido en cualquier ámbito y tiempo
hasta la hora aquella 
en que ante el huerto de las verdades
renuncie a su encargo,
con la pupila en levante. 

Fijada la mirada…. 
en el último renglón 
del inventario,
ese que corresponde 
a mi alma sempiterna

¿Qué podría decir?

Si en lo alto de su esencia
ondea una bandera y en ella esta ceñida 
el nombre del rapsoda 
que le escribió versos por centenas
y ahogándose en sus signos
huyó despavorido 
hacia el mar de las cayenas 
obnubilando su conciencia
y olvidando a esta mariposa mal herida.