domingo, 30 de abril de 2017

Predestinada





Me sumerjo 
en la espesura de su nombre
él es un todo,
valle o una montaña 
es cuestión de geografía,
escucho su canto 
en la ribera de las estrellas,
al fermentar su espíritu 
en un caldo de versos
el aroma de tan mustia  transparencia
desmiente su voz,
lanza su carne a quien le sigue
busca sus huesos
puntales de su propia existencia.






jueves, 27 de abril de 2017

En el tiempo de los tiempos



En la época de mi niñez
las horas eran un terrón de azúcar. 

Se disolvían muy despacio entre la escuela y la casa,
en los caminos empedrados
en los charcos que hendían  las lluvias
en los pastizales llenos de nidos
en los cipreses y los ocales 
en el borboteo de las corrientes
en las huertas y en las conejeras
en el calor de las hornillas
y en ese cobertor de brazos
que tonifican la carne y el pensamiento limpio.

En el tiempo de la fantasía
y los amaneceres presuntos: 
Los horizontes eran tapices de dientes y de ojos
de mantas voladoras,
de ansias que perforaban luces matutinas,
de corredores expandibles para canastadas de pies
y con ese aroma de paz y de orgullo  ancestral
del lúdico café tostado por las manos ciertas
y molido con el don del pecho, sabía de los abuelos
sabía roja y calígine,
apostillada en la mirada con la algarabía de la casa.

En la cosecha de la infancia y de los ocasos probables.
Ropas con betún de campo y jirones enarbolados, 
lábaros (otrora camisas) que conquistaban los armarios 
de reyes y de reinas en castillos comunales,
en somnolientas batallas, forjadas entre los zarzos
y ese cielo como testigo de los pliegues en las mejillas.

De las horas de los abuelos y de sus infinitas historias. 
Riberas apacibles y de espejos colmados de peces,
coros en los corrales y su níveo manjar, 
planicies doradas de espigas, con la brizna que nos unifica,
cortijos entre los valles donde se humecta la piel
con el sudor del suelo sagrado y que acoge los sembradíos,
se investían de glauco ropaje hasta avistar la primavera
renovando los atuendos con los colores alegres
para entregar toda su mies, a paladares distantes.

En las noches sin velos y de faroles en el firmamento
de jardines en la oscuridad donde corteja la luna,
los duendes invisibles y los héroes de las fábulas
asaltaban los rincones, las buhardillas y los tejados
alcanzados a través de puentes hechos con la inocencia
y esos locos corazones hinchados de alegría,
reposaban a las ocho, después de la merienda.

Todo era tan cierto, como los huesos y la carne
como la espuma de las corrientes y los algarrobos de los huertos,
todo era tangible, todo universal y todo tan … efímero
como los abrazos y los besos y las planas en las cartillas,
las huellas en el polvo
el arcoíris y las mariposas, después de los aguaceros,
las alboradas y las tardes, del sol y las estrellas.

Era el tiempo de las cometas, de los lazos y las pelotas,
alondras eran los pies y tañer de risas en los guaduales
años bienaventurados de libertad y de paz
de cuentos y de poesía
de bailes y de teatro…

… se silencian hoy  los calendarios
al llegar la tecnología
y suspiran olvidados en los anaqueles del alma. 



lunes, 20 de marzo de 2017

Geometrías






Deslizo la voz por las arterias del día
y los cristales bajo los párpados
refractan las voces que bullen en el espíritu.

Nada tiene el matiz
del sentimiento que dibuja su nombre.

El centro de mi canto
es  su silencio
el centro de mi palabra
es su verbo
el centro de su centro
la profunda respuesta a mi nostalgia.




sábado, 11 de marzo de 2017

Vino dulce





La lluvia renuncia a bruñir ventanas
y el misticismo de la madrugada
es roto por el bullicio citadino,
pasos  inconmovibles
puertas que vociferan,
queda atrás
la oración de la piel
y el cansancio de unas sábanas
al copular la noche
dos veces.



miércoles, 8 de febrero de 2017

Después de la hora nona





El viento de la sabana burla las faldas,
su hálito yerto se tamiza.

En la hora de los diques
ríos humanos confluyen en vértigo,
ocasos en desbandada
es ganancia de transportadores,
cuerpos infestados de sal
sin cantos de pez en las redes,
vaivén de hastío sobre un mar de asfalto
una hora o quizás tres.

La tarde bosteza, eriza su piel naranja
transeúnte en casa
camina tranquila al desplegar las sombras.

Mi cuerpo, atrapado en nieve
se siente óbice,
grita
cambia su membrana de matiz…

¡Sí!
él tiene el don de rescatarme
de mi mirada asombrada,
su sonrisa
diluye las tinieblas,   
demasiado cerca para que mis palabras
anuden en la hora última
la polifonía de su voz. 





sábado, 28 de enero de 2017

Mi amado




Amado
es esa mirada que asalta la distancia
en la fracción que delata los eneros,
su silencio invita a la adhesión
al partido de la fe,
inviste
con la camisa del color de los crepúsculos
e instiga con la sonrisa
al generoso desafío del sentimiento.

No sabe de metáforas y de Neruda
apenas fue un regalo
sus Veinte Poemas de Amor.

Mi amado
degusta la palabra que aflora natural
de la razón y del espíritu,
del norte al corazón
y del sur al vientre
es río de agua dulce, augusta y sonora
 baña las paredes de la melancolía
y la pinta con el matiz de la alborada.

Ignora que mi carne es poesía
y que mi voz 
ha tañido versos medio siglo,
le eriza la piel
cada verso que le suscribe mi boca
y mis manos, herramientas
siembran letras a lo largo y a lo ancho
de sus caminos colmados de cipreses,
se olvidan las fatigas
y aquellas heridas cubiertas de abrojos.

Teje a diario palios de protección
y me invita a su hogar muy cerca del fuego,
humecta mis riberas con color azul
desnuda los huesos
y libera las mariposas bruñidas de paz
en las medias noches de luna.

En mi elegía 
la entonación va con su acento.



jueves, 19 de enero de 2017

Diez de enero




La sonrisa cualifica el brillo de las horas,
y enjuaga de vida los silencios, 
apostada en el verbo
engendro un canto,
orgasmos de vértigo
en los planos del ostracismo.

La desmemoria danza
oficia en las tablas de la poesía,
en vertientes que surcan los atrios del corazón
y bordan noches
en el níveo renglón de la palabra.

La mirada
tiene el color de un pájaro fallecido
y la tarde
el matiz de los rostros
que ruedan alegres
por la geografía de mis córneas.

Adentro de mi desnudez
nadie escucha el tañer de los sueños,
cimbran los eneros
y los diez
forman barricadas
que me amparan de las cacerías
de los años muertos.