domingo, 16 de septiembre de 2018

Primavera




Nos buscamos en los planos de la piel
y encendemos hogueras en los labios
al vuelo sincrónico de las palabras desnudas
y esa agonía progresiva
en las sílabas de nuestros ojos.

Llegaste mutilado de tristezas
a navegar en un mar de flores 
carne adentro
llueven poemas en la patria de los miedos
y lúbricos ropajes tañen las campanas
de dos corazones 
al convocar la muerte.





Al ocaso




La noche cae en el corazón de la noche
despacio
hilo de sombras en el reloj del tiempo
los latidos se escurren con la puesta del sol
y las notas del día resbalan en cascada
al profundo abismo
de la soledad y la tregua.

La noche cae en el interior de mi voz
incesante
dejo de ser afuera y ahora soy adentro
realidad de la conciencia que fustiga las verdades
dejando el alma expuesta
a la sentencia divina
que juzga agresiva 
la desnudez de mi lengua.




lunes, 15 de enero de 2018

Edad de oro




Hace meses no me nombro,
no detengo el paso
en algún punto de mi nombre,
 doy la cara
a los fantasmas de mis miedos
y me adentro autónoma
en el ostracismo de mi patria.

Hace tanto no me incluyo,
no me esmero
en las alboradas de mis sueños
ni en las sombrías tardes de fatiga,
los matices del ocaso dorados en mi piel
se desvanecen
y arrinconan en las esquinas de las sombras
los restos de luz
cuajados
en los cóncavos de la mirada.

Ya no cuento calendarios.
Primavera y verano
al urdir lo más insigne de sus épocas
han ceñido en mis fibras
su fragante esencia
y en los estuarios
las huellas, cicatriz del fruto
al conciliar con la natura,
nectar del sentir
que magnifica el alma.

Hace tiempo no me observo,
sin espejos que reflejen
la vanidad del seno y la cadera,
huyo de los cristales vivos
que arroban la mirada
y de las palabras que encienden
hogueras entre los pliegues
de la poesía en el oído. 

Ahora, mi piel constriñe 
el vestigio de los besos
y las entrañas secan sus muros,
universo de mariposas
aletargadas en las horas
las que aguardan el tañer de los sentidos
para elevar su vuelo
en el templo de los holocaustos
de la muerte 
y de la vida.


Ahora, soy la acacia que cobija
los espíritus de invierno
los que aguardan
el exilio de los vientos y del frío
del bullicio y de las luces
del arcoíris y de las lluvias
de las tardes y de los albores
de los murmullos en los trigales
de los gorjeos entre las ramas
de la caricia de los huertos 
y de los secretos a la media noche.


domingo, 3 de diciembre de 2017

Diego


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Este río revuelto de incertidumbres,
esta loca travesía de miedos,
te aleja Diego 
de la capital.

Te miras y no te reconoces
dentro tuyo, el vacío
la tristeza y la nostalgia,
tus alas rechazadas por los relojes
y la angustia ácida de las calles insensibles,
atan tu espíritu,
sacrifican tu risa
y retornas entonces
infectado de urbe
a tu Cercado de Piedras,
menos saturado de oropel y de vicios,
los que aquí, afrentan la mirada
la carne y los huesos,
incluso, la palabra desluce su brillo
deja de ser firma en la boca que la expresa
y el compromiso sin sello
se pierde entre el interés.

Te distancias en paisajes,
redimir el verdor de tu espuma
es tu causa y efecto
la vida como acto de esperanza,
el amor genuino humedecerá tus manos
para ser mariposas 
en almas por las que vale vivir.




sábado, 4 de noviembre de 2017

Incertidumbre


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Se abandona la zona de confort
y los espejos se rompen en decenas de rostros
y el glamour de los sueños se torna en humo viciado

Ahora
se es miedo
hambre
orfandad
miseria

Ahora 
es la mirada que lanza la navaja
y el aroma fétido que acompañan las palabras

diatribas para los corazones que aguardan descalzos
la luz dorada que fortalezca la semilla

Ahora
nos queda el desagüe de la equidad
se secan los barriles del vino tinto
y se astilla la nobleza de una casta.




domingo, 22 de octubre de 2017

Él, simplemente él


Foto de portada de la comunidad








y son tus manos, arados
abren la tierra en busca del agua, 
fértil tierra, cálida tierra, aromática tierra
próvida para las tuyas que reiteran sus perfiles,
surcos naturales de norte a sur,del este al oeste,

y tu rostro, coktail de frutas para la boca sedienta,
cosecha de primavera para el paladar de invierno, 
uvas y moras, sandías y tamarindos
y el acuoso azucarado
de los cuencos que me miran.

¡Ah! … y es esa boca, un libro sin concluir,
cónclave secreto donde las lenguas difieren,
se decanta el dolor con la dejación de las penas,
húmedas las palabras, hilan en el silencio
y en trampolines acústicos, se balancean en el oído.

El torso, costado de la luna que abrevia los caminos,
territorio hostil para la indiferencia al deseo,
y en la inocente necesidad de ser felices
se anega de labios, se encarnece de besos
y la piel avara, agita sus bocas.

Hay caminos que llevan al íntimo de la armonía
y son tus piernas, escaleras firmes de aquel templo,
desnudas de frío, infiltradas de vida,
se tapizan de  grana, pulverizan las sombras,
luces se encienden entre las costillas
y mariposas aladas en metamorfosis de asombro
revolotean ciegas, alertando la mente.

Campanas de gloria al ascender a los cielos,
tirita la entraña y se alegra el espíritu,
corceles de fuego apuran el paso
y en tierra sagrada, su galopar es rebelde
buscan las sendas, los umbrales de luz,
aciertan oasis, los valles secretos
y se alzan en vuelo, en unísono canto.

Firmamentos de espejos recogen los rostros
de ídolos de barro a dioses humanos,
hermosura de lo simple, de la noche, madrugadas
y ebrios de certezas, nos conmueve la vida.




domingo, 1 de octubre de 2017

Epifanías

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La inexpresiva calma que antecede la madrugada, 
la somnolencia de mi cuerpo, 
este respiro de sentimientos filiales, 
el ir y devenir de los pasos, 
esta lluvia de vida que revive la galería de mis años,  
esta primavera en el otoño que me recibe.

No me quejo, la tibia sombra que merodea 
en las estancias a las cuatro, me substrae, 
me abriga los huesos y mi alma estalla en filigranas, 
con ellas, se teje el día a día 
con ellas, nuevos alfabetos, 
tramas que nos mantienen a salvo de ahogarnos.

Nada más valioso que percatar 
el soplo de paz de los que duermen, 
el don de los sentidos,  
la sonrisa que acaricia 
los rostros desnudos de mundo o el oído,  
que aguarda la música alegre de un _ ¡Buenos días!

Cada amanecer devela una epifanía en mi cuerpo, 
en sí, él es un poema en bruto al abandonar las sábanas, 
cada instante, son las manos del escultor 
que pule aquí y allá, forja, embellece, 
da vida a cada hora, versos libres, 
versos blancos que hienden la incertidumbre 
y permiten que germine la semilla de la esperanza.